EL DÍA QUE NACÍ YO

El día que nací yo, no fue un día normal si no un día muy especial. Era el día 26 de febrero de 1955, hacía mucho frío y soplaban aires huracanados. Seguramente era un día festivo porque mi padre estaba en casa y en el pueblo había cine y teatro. A mí se me ocurrió nacer ese día a las 21 horas. Mi madre empezó con dolores de parto. Llamaron a la comadrona, mientras mi abuela reunía los preparativos necesarios para atender el natalicio.

Cuando llegó la partera mi madre aguantaba pacientemente los dolores, ella comentó que en la calle soplaba un aire muy fuerte. Llegó mi vecina portuguesa “La Sesa” muy asustada diciendo que la guardia civil estaba avisando en la calle, en el cine y el teatro que se esperaba algo malo. Recomendaron a la gente que se fueran a sus casas y que cerraran puertas y ventanas que esperaban que algo pasara y fuera más de lo normal esa noche. Un terremoto o un huracán. La comadrona al oír a la vecina se asustó y pensó en sus hijos y se fue a buscarlos. Mi padre salió tras de ella. Casi sin ayuda nací muy pequeñita y muy morena.

En Olivenza mi pueblo la gente revolucionada y asustada, hicieron todo lo contrario. Unos se fueron al campo, cargados con todos sus enseres y pertenencias, otros al cementerio, otros sacaron a la puerta de la calle a sus ancianos y enfermos. Mis padres y mis abuelos se quedaron en casa viviendo con alegría mi nacimiento.

Al día siguiente, no se supo si pasó algo o no. El aire no fue tal ventolera, ni ocurrió tal terremoto. La guasa y la bromas y los rumores de lo que había pasado recorrieron toda clase de comentarios en el pueblo. Pero en mi casa muy humilde se llenó de alegría con el nacimiento de la primera hija de María y Antonio.